El jardín de piedra de Gabriela Bejarano Quintero: una mujer que vive el ciclomontañismo

“En la vida hay que tomar riesgos,” decía Gabriela Bejarano Quintero al contarnos cómo decidió solicitar la homologación de materias cursadas para terminar su carrera en Educación Física, Recreación y Deporte en Tunja, y agregarle Ruta a su amplia experiencia como ciclomontañista, una vez confirmó que correría para el equipo Boyacá es para Vivirla en el año 2016. Ya en esa época estas tierras boyacenses la llamaban a pedalear en ellas y ya Paipa, su lugar de vivienda desde entonces, se preparaba para recibirla con una recién construída pista panamericana de ciclomontañismo.

Gabriela nació en Bogotá en una familia que siempre la incentivó a hacer deporte. Antes de enamorarse del ciclismo practicó fútbol, ballet, baloncesto, voleibol, tenis de campo, gimnasia y porrismo, este último deporte en el que llegó a la cima ejerciendo el rol de capitana de su equipo. Al hablar, Gabriela destella amabilidad, claridad de pensamiento, sencillez y generosidad, todos ellos atributos que encontramos una y otra vez en las ciclistas profesionales que entrevistamos en Punto, Cadeneta y Pedal

Al parecer estas cualidades son el sello de carácter de una generación de mujeres que ha decidido perseverar en su sueño de vivir del ciclismo, en un país en el que el deporte femenino es la hermana pobre de la familia. Cuando se trata de mujeres, el deporte de las bielas es visto como una interminable cadena de demasiados: demasiado exigente, demasiado agreste, demasiado peligroso, demasiado agresivo, demasiado sufrido, demasiado físico para los delicados cuerpos de unas mujeres que para la sociedad harían bien dedicándose a oficios en los que se preservara más la pulcritud de sus rodillas. 

Por el contrario, al preguntarle sobre las caídas en el desempeño de sus funciones ciclísticas, Gabriela responde: “Hay que aprender a caer,” y aunque ella se refiere a las técnicas que permiten que en caso de un accidente las lesiones sean lo menos grave posibles, entre líneas entendemos que aprender a caer es también perseverar en una modalidad deportiva como el MTB, poco conocida, poco patrocinada y poco visibilizada en nuestro país, sobre todo cuando se trata de una mujer desempeñándola a nivel profesional.

La primera vez que Gabriela representó a Colombia en un certamen internacional fue en el Campeonato Panamericano de MTB en Barbacena, Brasil en el año 2014, donde debutó figurando en el top 10 de su categoría. De esa experiencia Gabriela recuerda haber estado súper motivada y muy bien preparada para la competencia, pero sobre todo decidida a aprender y a disfrutar al máximo la oportunidad de hacer parte de una Selección Nacional, la cual después de Brasil, ha conformado en otras tres justas panamericanas. El disfrute por lo que hace es evidente en la emoción que Gabriela le pone a sus palabras cuando habla, lo cual es tan importante que supera las frustraciones propias de la profesión, sumadas al ya recurrente y reducido espacio para el desarrollo sostenible de esta profesión en un país donde solo cuentan el fútbol y la categoría World Tour.

Otra de las experiencias que recuerda con mucho privilegio, esta vez en la modalidad de ruta, fue su participación en la primera Vuelta a Colombia Femenina de la historia, en el año 2016. Meses antes Gabriela había tenido la oportunidad de prepararse corriendo el Tour Femenino como parte de su equipo; hasta ese entonces era la carrera profesional más importante para el ciclismo de ruta profesional femenino en este país. Aunque el lote no era muy grande (más o menos unas treinta corredoras,) estaban las figuras más importantes del ciclismo femenino colombiano y esto se presentaba como una excelente oportunidad para preparar el reto de correr frente a ciclistas internacionales con mucha más experiencia durante la Vuelta a Colombia. A pesar de la preparación, esa Vuelta puso en evidencia la brecha en el nivel ciclístico entre las corredoras colombianas y las internacionales, que impusieron un ritmo de competencia mucho más exigente de lo que las nacionales tenían acostumbrado. Ante eso uno esperaría que Gabriela se manifestara con frustración o resentimiento. Por el contrario, al contar la historia a la corredora se le llena el corazón de agradecimiento por haber recibido una vivencia en la que tuvo grandes aprendizajes: “De las corredoras que han tenido la oportunidad de competir en Europa se aprende un montón, y me siento súper afortunada de haber hecho parte de la primera Vuelta a Colombia Femenina,” dice con una emotividad que uno imagina acompañada de una gran sonrisa.

Al finalizar la entrevista, Gabriela invitó a las niñas que escuchan este programa a arriesgarse e  involucrarse en este deporte tan bonito que está cogiendo cada vez más fuerza en Colombia. 

Para ella, al final del día, la satisfacción de representar a un departamento y a un país es el verdadero pago a los sacrificios que realiza todos los días.

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